Plutchik

Si tecleamos “Plutchik” en la barra del buscador, en algún momento nos topamos con un cuestionario de 15 preguntas: ¿Toma de forma habitual algún medicamento como aspirinas o pastillas para dormir? ¿Tiene dificultades para conciliar el sueño? ¿A veces nota que podría perder el control sobre sí mismo? etc.  Se trata de la versión española de un cuestionario original de 26, que el psicólogo Robert Plutchik  diseñó junto a un equipo de la Escuela de Medicina Albert Enstein de la Universidad de Yeshiva en Nueva York. Lo denominaron escala de riesgo suicida y fue chequeada originalmente con 82 pacientes externos, 157 pacientes hospitalizados y 83 estudiantes universitarios. Los resultados, publicados en 1989,  discriminaban  entre pacientes y estudiantes, y también entre aquellos pacientes que habían relatado uno o varios intentos de suicidio previos y los que no. En el test, autoadministrado, cada respuesta afirmativa suma un punto. Y se considera riesgo de suicidio una puntuación igual o superior a 6.

Un estudio de autopsia psicológica del Departamento de Medicina de la Universidad de Glasgow  reveló en 2003, que el historial de autolisis y los intentos de suicidio conviven al menos en un 40% de los suicidios consumados. Para la suicidología el que intenta quitarse la vida se parece mucho al que se la acaba quitando.  Sobre esta similitud se instala la escala de Plutchik, una criba que sin embargo, demuestra un escaso poder de predicción. “Las escalas tienen un valor predictivo poco fiable”, señala la suicidóloga Carmen Tejedor, del Hospital Sant Pau en Barcelona. “Es como si yo le pregunto a usted si va a suicidarse y me dice que no, pero luego va y se suicida. Son instrumentos para cuantificar e intercambiar información entre diversos grupos, por ejemplo entre los presos de Jérez de la Frontera y los de Alcalá-Meco,  y ver con el tiempo qué ítems nos han sido útiles, nada más.  Eso pasa con cualquier escala”.

Llamé al suicidólogo Enrique Baca García, y le pregunté qué pasaría si alguien – yo había sacado un cuatro- respondiera afirmativamente a siete de los ítems del cuestionario: “Se trata de escalas muy buenas, muy sensibles,  identifican muy bien, pero no significa nada. Si la escala te descarta, estás descartado; pero si te recoge, no quiere decir necesariamente que tengas riesgo de suicidio”. “Tienen una utilidad sobre todo, investigativa, para aislar factores de riesgo. Y si a la escala de riesgo suicida, le añades otras, como recomiendan, como la de la desesperanza de Beck o la del alcoholismo de Tweak, su fiabilidad es mucho mayor”, añadió. Una de las ventajas de las escalas psicométricas es que implican poco esfuerzo del paciente, apenas un par de minutos.

La suicidología busca al suicida, con prisa. Plutchik, muerto en 2006 a la edad de 78 años, registró, de manera sencilla, el perímetro por donde no se mueve.

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