En voz alta

Las cartas son una de las cosas que más fijan la experiencia. El tiempo erosiona los sentimientos. El tiempo crea indiferencia. Las cartas nos demuestran lo que una vez nos importó. Son los fósiles de los sentimientos. Por eso los biógrafos las aprecian tanto: son la única comunicación con la experiencia inmediata. Todo lo demás que toca el biógrafo está rancio, estropeado, contado y vuelto a contar, es dudoso, carece de autenticidad, resulta sospechoso. El biógrafo sólo tiene la sensación de que está totalmente en presencia de la persona, cuando lee sus cartas, y sólo cuando cita las cartas comparte con los lectores su sensación de que ha recuperado una vida. Y comparte algo más: la sensación de transgresión que acompaña la lectura de unas cartas no pensadas para que uno las lea. Permite que el lector sea un voyeur con él, escuche indiscretamente con él, registre los cajones del escritorio, se apodere de lo que no le pertenece. La sensación no es totalmente agradable. Al acto de indiscreción lo acompaña cierta incomodidad e inquietud: a uno no le gusta que pase eso con él. Cuando estemos muertos, queremos que se nos recuerde según los términos fijados por nosotros, no según los de alguien que tiene nuestras cartas más íntimas, irreflexivas, embarazosas y se propone leérselas en voz alta al mundo.

Janet Malcolm

La mujer en silencio. La controvertida relación entre Sylvia Plath y Ted Hughes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s