Nota necrológica

Macario frecuentaba por las tardes los bares del barrio de San Esteban, al noroeste de la ciudad. El camarero del 16 válvulas me dijo que probablemente y dada la hora lo encontraría en el Nevada y allí me dirigí.  Abrí la puerta y le pregunté a la camarera que me señaló con la mirada una de las mesas. Yo había imaginado a un anciano frágil, y lo que tenía delante era a un hombre de 75 años, lúcido y enérgico, con el pelo canoso y abundante, muletas, físicamente parecido al actor James Stewart. Me presenté y me senté.  Y Macario dobló el periódico donde rellenaba los pasatiempos con un bolígrafo. Empecé a sacar fotos de Vicente. “Ah, Vicentín”, fue su comentario instantáneo. Con el tiempo he aprendido a situar ese diminutivo. No la abyecta corteza, sino su correspondiente leonés. Como quien dice “¡Qué tiempín tenemos hoy!”.

Empezamos a hablar de los viejos tiempos. Macario había sido el alma del equipo juvenil del San Esteban. El que fichaba y el que decía quién y quién no jugaba: “Lo de los córners casi que me lo impuso él. Yo le veía bajito y le decía pero tú no me vas a llegar. Y en el primer partido que jugó, sacó de córner y lo metió directo”. Macario viste una chaqueta de nylon oscuro encima del habitual mono azul. Siempre así, desde que trabajaba en la tienda de reparación de radios, ya desaparecida, donde se reunían los niños futbolistas. He oído varias veces el adjetivo retraído aplicado a Vicente, tantas veces quizás como el de extrovertido. Retraído suele ser producto del observador lejano, extrovertido al revés. Resulta difícil guiarse a través de ese tipo de averiguaciones. Macario era del primer grupo, aunque matizaba: “Bueno, retraído hasta que cogía confianza”.

Le pregunté por la Cultural Leonesa y su intento fracasado de fichar a Vicente, y rápidamente interrumpió: “Hombre, si fueran a ficharlos para las categorías superiores pues sí, pero ficharlos para su equipo juvenil, de eso nada. Nosotros también queríamos ganar”. El alma aún se enorgullece de aquel equipo: “Gago, Granja, Placi, Trapero, Vicente…Había jugadores muy buenos, porque a mi me gustaban los mejores”.

En agosto de 1977 Macario debía tener cuarenta o treinta y nueve años. Una mañana de camino a la tienda se paró frente una esquela pegada al cristal del bar Rosy. La leyó y ya no pudo quitarse a Vicente de la cabeza en todo el día. Le pregunté qué periódico era, pero no se acordaba. Quizás el Diario de León, apuntó.

A la mañana siguiente me acerqué  hasta el departamento comercial del periódico. Quería saber si disponían de una hemeroteca, digital o no, y la chica del mostrador me remitió a la Biblioteca Pública de León. Allí, un mozo atento y silencioso empezó a explicarle a mi mujer cómo funcionaba la base de datos, mientras yo revisaba los volúmenes encuadernados del Diario de León y La Hora Leonesa, las cabeceras principales de entonces. El día 20 de agosto de 1977, en la página 18 de sucesos del último, entre ladrones detenidos, colisiones y robos frustrados, estaba la necrológica. Aunque por su contenido fuera más bien una nota de agradecimiento:

La familia de Don Vicente González Luelmo, recientemente fallecido en Cegoñal, ante la imposibilidad de hacerlo personalmente, da por nuestro conducto las más expresivas gracias a cuantas personas se asociaron a su gran dolor.

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Un comentario

  1. Ya tienes escritos varios capítulos de su vida, como si fuera una buena novela, pero real. Si algún día dispones de tiempo -ganas seguro que no te faltan- para ambientar o profundizar sobre Alcazarquivir, tienes mucho material documental en la BNE. Especialmente en el fondo de García Figueras (Signatura AfrGF). Él fue militar, político y estudioso destinado en Marruecos en la etapa del Protectorado español (1912-1956), y reunió una colección bastísima de prensa de la época, fotos, folletos… Sólo a catalogar 500 cajas de esa información primaria dedicamos varios años, hasta 2007. La tarea fue, a la vez, un viaje interesante a la vida en sepia de entonces en Larache, Tánger… de la colonia española y de la población autóctona.
    En 2010, Tomás Ramírez Ortiz publicó “Pequeña historia marrueca: Alcazarquivir”, sobre su historia y costumbres. Imagino que será un buen resumen tras haber investigado en la BNE.

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