Dar sepultura

En la parroquia de Puente Castro, al sudeste de la ciudad, del S.XVII y con cigüeñas en el campanario, un anciano calvo, con gafas, dientes maltrechos y un cigarrillo en la boca había bajado la ventanilla del coche preguntándome a quién buscaba. Cuando pronuncié su nombre, el párroco Maximino Castro me señaló la puerta trasera y aparcó. Venía de llevar a unos niños al colegio y tenía el certificado preparado en una estantería de su despacho. Me lo tendió mientras cerraba la conversación que habíamos tenido un mes y medio antes por teléfono: “Sobre lo que me preguntaste el otro día, en principio, si la familia no quiere, no se pone”. Le había preguntado si a los pies de un suicidio la casilla referida a la causa se rellenaba. Por teléfono, esa familia parecía incluso más amplia: “En los libros no se pone lo que desprestigia a la familia. El suicidio no se suele poner. Se deja en blanco”. Aquella vez, sin embargo, si que se rellenó:

Maximino Castro Rodríguez, párroco de San Pedro de Puente Castro de León

CERTIFICA: Que en el libro VIII de DEFUNCIONES de la citada parroquia, fol. 30 vto, Nº 34, se halla inscrita la siguiente partida: “En León a diecinueve de agosto de mil novecientos setenta y siete, yo D. Félix Esteban, coadjutor de la iglesia parroquial de San Pedro de Puente Castro, mandé dar sepultura eclesiástica en el cementerio de la misma al cadáver de Vicente González Luelmo, de 24 años de edad, natural de Guardo, de estado soltero, de profesión estudiante, que falleció el día diecisiete, a consecuencia de accidente ferroviario. Y para que conste lo firmo”. (Firma de Valentín Fernández, párroco de San Pedro de Puente Castro).

Para que conste lo firmo y sello en León, a treinta de enero de dos mil doce.

Maximino, también por teléfono, me había dicho que le extrañaba que las casillas referidas al lugar de residencia y al nombre de sus padres estuvieran vacías. Ninguna sorpresa. Sus padres habían muerto, la vivienda familiar había sido alquilada y Vicente se repartía entre un piso de un amigo en el barrio de San Esteban, la casa de su hermana en Guardo y el bungalow de Calpe donde vivía su hermano. De ahí el precipitado “natural de Guardo”. No es extraño tampoco que se rellenara la causa. Fue en 1983 cuando la Iglesia católica concedió a los suicidas la sepultura eclesiástica que hasta entonces les había negado. Parece lógico pues, que para cumplir con el precepto convirtieran previamente el suicidio en un accidente.

Por lo demás, mi padre me había contado que al entierro acudió poca gente dado el verano y la premura: “No nos dio tiempo a avisar a nadie”. Y que los que acudieron, propablemente lo hicieran a partir del eco diseminado por los pasajeros del tren al llegar a la estación.

Anuncios

  1. Acabo de ver el documental en informe semanal. Estoy echándole un ojo a tu blog porque soy psicóloga en una residencia y hay varios mayores con ideas suicidas. Muchas gracias por compartir esta información. Un saludo y enhorabuena!!

  2. Ayer me tropecé de casualidad con el documental de informe semanal. Me atrajo tu manera de expresarte en relación al tema y como es algo que me interesa pues me gusta bastante la psicología aunque no estudié eso estoy echandole un vistazo a tu blog. También tengo bastantes amigos con problemas psicológicos, pero hoy día no es nada raro. Te voy a regalar una poesía que hice sobre el tema;

    AUTODESTRUCCIÓN

    A veces pienso
    si no sería mejor una sobredosis:
    de pastillas, de heroína,
    algo que fluya por mis venas
    y destruya mi vida,
    me da igual.

    Pero en un momento de lucidez
    pienso. ¿Pienso? Si pienso,
    ese es el camino más fácil
    Niña.
    El que siempre has seguido.
    Y a dónde te ha llevado;
    a vivir anclada en el pasado,
    a no conseguir nada con tus manos.

    Mira el sufrimiento ajeno;
    lo tuyo es miel frente a carros de fuego.
    ¡Basta ya!
    Niña.
    Te estás matando
    con tu propio veneno.
    ¡Basta ya! Niña.
    Eres un áspid en un cuerpo ajeno.

  3. El certificado me ha recordado otro accidente de tren que ocurrió tiempo atrás en la misma provincia, y también cubierto en su día de mentiras públicas. Me refiero al de 1944 en Torre del Bierzo, donde murieron unas 200 personas -la mayor tragedia ferroviaria en España. El suceso se cuenta en el documental “Túnel número 20”, de Ramón de Fontecha, premiado con el Goya al mejor cortometraje en 2002.
    El aire asfixiante, real y metafórico, con la censura oficial de entonces, lo veo igualmente en el caso de ahora. En la posguerra el mantenimiento de las vías era nulo; en cambio, el régimen intentó culpar a los empleados de sabotaje por motivos políticos. Tapar/solidificar, en vez de colaborar y ayudar a resolver/disolver los problemas en una comunidad. Negar hasta que la realidad se impone, hasta que estalla y salpica alrededor.

    (Un estudio del accidente de 1944 en http://www.astorga.com/articulo/torre.htm )

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s