Cherchez la femme

Ella fue apartando las flores viejas y repartiendo las nuevas entre las lápidas. Nos habíamos apeado en el aparcamiento del cementerio y las habíamos comprado. Lucía el sol. ¡Qué tiempín! En la oficina les pregunté a dos empleados. Uno de ellos, con barba, gafas y la mirada bizca confundía repetidamente Luelmo con Luengo. A la tercera se produjo una situación ridícula y deletreada. El otro, afeitado y con el pelo a cepillo, anotaba los datos en unas fichas para dármelas. Salimos y empezamos a andar. El nicho de Vicente era el 133 del patio de San Martino, en el extremo norte. Muy cerca  del resto de la familia. El estilo general era neoclásico y constaba de 15 patios en cuadrícula. A excepción del central, una amplia parcela de césped rapado que llamaban Bosque de las Almas, todos estaban repletos de tumbas a las que se accedía por un camino con cipreses al borde y sin asfaltar. Los cuatro habían muerto antes de los 60 años. En 1975 Ambrosio, el padre, con 59 y cáncer. En 1976, Ángela, la madre, con 58 y cáncer. Y en 1977, Vicente, con 24, suicidado. Siempre con 11 meses de diferencia. Mary, la única hija, y la mayor, murió en el 2000, con 55 y también con cáncer.

Yo miraba la E que le faltaba a D. VICENT. y pensaba en la joven embarazada a principios de los 70. Mary, antes de morir y durante algún tiempo, relató aquella experiencia. Cuando se acercaba al cementerio desde Guardo el día de difuntos, encontraba flores en la lápida de su hermano. Era extraño porque ya nadie familiar quedaba en León. Pudiera ser algún amigo. Pero a esos yo ya los había sondeado. Un día (ignoro el año, pero según la vida laboral de Vicente en las Cuevas no pudo ser más allá de 1974) se presentó una chica acompañada de su padre en la casa del barrio de San Esteban. Entiéndame usted. Cuando se fueron, mi padre, a petición de su padre, habló con Vicente, que admitió haber estado con la joven. Aunque añadió que como tantos otros. No se habló mucho más. Entre la hojarasca, mi padre recuerda que alguien le dijo que cuando la joven alumbró, Vicente fue a llevarle flores al hospital. El supuesto ramo compone una escena atractiva: ¿Pretendía adjudicárselo o fue sólo una temeridad? Hay quien sostiene incluso que un día la chica apareció en el Colegio Universitario para reprocharle su desentendimiento con voz sonora. ¿Fue antes o después del nacimiento? Hasta aquí llega el rastro de la chica.

Le digo a ella que para saber quién ponía flores voy a necesitar más nombres. Con los que tengo no basta. Y que seguramente toda esta historia esté contaminada por el paso del tiempo y un exceso de nexos. Pero que ya no hay vuelta atrás. Hay que buscarla.

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