El suicidio y la publicidad

Según una estadística de España Nueva, desde el 1º de diciembre hasta ahora han ocurrido en Madrid 17 suicidios. Los suicidios frustrados están, con muy buen sentido, eliminados de esta estadística. No hay nada más convencional que un suicida frustrado. Se explica el fracaso de un homicidio, porque contra la voluntad de matar que impulsa al criminal lucha la voluntad de vivir que anima a la víctima. Lo que no se explica es el fracaso de un suicidio. En un suicidio, el criminal y la víctima son una misma persona. No hay sólo el deseo de instalar una bala, por ejemplo, en un cerebro. Hay también una buena intención de recibirla y de acogerla. Cuando yo quiera matar a alguien, tal vez no lo logre; pero cuando quiera suicidarme, es indudable que me suicido.

Descartando, pues, la tentativa de suicidio, tenemos que, en menos de mes y medio, han ocurrido en Madrid 17 suicidios efectivos. ¿Por qué se han suicidado estos 17 caballeros? ¿Por falta de dinero? ¿Por contrariedades amorosas?

España Nueva no dice que se hayan suicidado para salir en los periódicos; pero insinúa la idea de que la publicidad periodística es una de las causas que influyen en el desarrollo del suicidio. A este propósito, el popular periódico de la noche recuerda que, hace algún tiempo, la Prensa madrileña acordó no acoger en sus columnas las noticias que se refiriesen a los suicidas, y propone que este acuerdo vuelva a ponerse en práctica.

Yo voto en contra, y no como suicida, sino como periodista. El día en que los periódicos no publiquen noticias de los suicidios ni de los crímenes, los particulares dejarán de matarse; pero entonces, sin pan y sin trabajo, los que tendrán que matarse serán los reporters. ¿Qué va a ser de los reporters si se decide no publicar en los periódicos más que noticias de una ejemplaridad virtuosa? ¿Qué va a ser del periodismo?

El periodismo consiste en informar. Cuando ocurre un suicidio sensacional y se hace acerca de él una buena información, el periódico que la publique tiene que aumentar su tirada. Si el ejemplo cunde, el dolor será para las familias de los muertos, pero no para los periódicos. Los periódicos tienen entonces motivo para una información nueva y para un nuevo aumento de ejemplares. Este aumento de ejemplares es la verdadera ejemplaridad periodística.

¿Y la caridad? La caridad es otra cosa. Con ella se hacen asilos; pero no se hacen periódicos. Un periódico no es una obra de beneficiencia. Es una obra de sinceridad y de pensamiento.

Por lo demás, yo no creo que un señor, al que le vaya muy bien en la vida, tome el acuerdo de matarse al leer en los periódicos el suicidio de un hambriento. Para matarse hace falta tener una profunda convicción filosófica que no se adquiere leyendo, precisamente, la sección de sucesos: la de que la vida es una porquería.

Julio Camba (El Mundo, 15 de enero 1908)

 Páginas escogidas. Ed. Austral

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