Habréis tenido miedo…

En el ascensor del Hospital General Princesa Sofía, cuando le preguntaron qué le pasaba, Vicente les dijo a su hermana y a Remedios A. que tenía que ver a un psiquiatra. “Uno de los criterios diferenciales de la esquizofrenia típica es el curso junto a una conciencia clara”, escribo, copiando a Colodrón. La escena tiene lugar a principios de 1976 con su madre  invadida por un cáncer de matriz en una de las plantas. Había ido a tratarse una hernia y se lo descubrieron. Los médicos decidieron que no valía la pena limpiar y volvieron a cerrar. Su hijo también había pasado visita. A escondidas. Comenzó el juego del gato y el ratón. Remedios y Mary empezaron a buscarlo e interrogaron repetidamente a las enfermeras. Su madre estaba preguntando por él y sabían que estaba allí. Se mostraron firmes. No se irían hasta que lo trajeran. Al final encontraron a Vicente, se subieron al ascensor y fueron a ver a un psiquiatra privado que les habló de esquizofrenia y de la necesidad de ingreso. Esa noche se quedó a dormir en casa de Remedios. Ella y su marido, ama de casa y guarda forestal, apenas pegaron ojo. A la mañana siguiente, el esquizofrénico les dijo: “Supongo que habréis tenido miedo por si os hacía algo”. El matrimonio no respondió.

La mayor parte del relato anterior pertenece a Remedios A., cuya amistad con la familia tiene un origen antiguo. Mi padre y el mayor de sus hijos iban juntos al instituto Padre Isla en torno a 1965. Es decir, casi cuarenta años de antigüedad. Un día operaron al menor de sus hijos de anginas. Estaba lloviendo y debía coger el tren desde León hasta su casa en la Robla, donde había empezado a trabajar de limpiadora para fortalecer el magro sueldo forestal. Fue a casa de mis abuelos y les preguntó si podrían quedárselo aquella noche. Se lo quedaron dos días. Los domingos ambos matrimonios remachaban su amistad comiendo churros en una chocolatería cercana a la Cruz Roja.

He escuchado la historia del hospital tres veces de boca de Remedios. De vez en cuando la llamo por teléfono en busca de algún cabo suelto. Es en vano. Siempre cuenta lo mismo: Vicente se escondía y las enfermeras le encubrían diciendo que allí no había nadie. La narración presenta unas lagunas formidables, pero nunca podré traer aquí ni a Mary ni a su madre para que la completen. Ni a Vicente. ¡Y mucho que me gustaría! ¿Qué contaba Vicente? “Él no contaba nada”. También por esta frase, que repite como un mantra, visité a Remedios el segundo día que pasé en León, un mediodía, tras cruzar el río. En el salón de su casa, un piso reciente envuelto de chopos y discreción, mi mujer iba tomando notas mientras yo dejaba fotografías a su alcance. Viuda, logroñesa, flaca, 86 años, miope y con dolor de huesos, guardaba un recuerdo vivísimo de aquellas jornadas que no escurría el socavón:  “No hay año en que no nos acordemos de aquello. Fue un desastre”. Su aprecio por mi familia resultaba muy convincente y suponía un alto grado de implicación.

A punto de morir mi abuela, Mary, que vivía a 100 kilómetros, le había pedido que se hiciera cargo de Vicente, comida y alojamiento, a cambio de dinero. Ella, que ya vivía en la ciudad, dijo que no. Y desprecia cualquier peso que la frase del esquizofrénico tres párrafos más arriba acarreara en aquella negación. Tenía cuatro hijos y no cabían. Acercándose a los ojos una fotografía de Vicente apoyado en una columna de Valporquero, abundaba en sus conclusiones: “Yo creo que sacarlo del hospital fue la perdición. Luego lo metieron en otro, y luego dijeron que con las pastillas saldría adelante fuera. Y nada”. El día que murió mi abuela, alrededor de seis meses después de que se le detectara el cáncer, mi padre me contó que fue a darle la noticia a su hermano a un piso de patrona en el barrio de Crucero donde se alojaba. Mi padre le despertó de madrugada y le dijo vamos que la mamá ha muerto. El no dijo nada y se vistió.

Algunas noches Mary llamaba desde Guardo a la patrona para hablar con Vicente. Si la patrona decía que no había vuelto todavía, Mary se desorientaba y llamaba a Remedios, que salía a buscarlo. Sin fortuna. Y ésa es la imagen donde todavía hoy lleva anclada la impotencia y la angustia: ella, sola por las calles, buscando al hijo de sus amigos muertos. De vez en cuando, su hijo, dueño por entonces de una tienda de ropa a la que acudía Vicente a por vaqueros y que ahora cocinaba pasta, ternera y pastel de kiwi en la cocina, interrumpía la conversación para señalarnos que en los últimos tiempos el esquizofrénico había engordado, fumaba uno tras otro y su cabeza era una intermitente conspiración. Y afilada, al decir de Remedios. Después de morir Vicente, una vecina de Maestro Uriarte le había contado que un día había visto al suicida asomado a la ventana con un cuchillo. “¿Tú te crees?”, me interrogaron aquellos ojos. Yo no dije nada, porque desconfío mucho del rumor vecinal y porque estoy convencido de que sólo se defendía. Pero ¿quién o quienes le atacaban?

Antes de sentarnos a la mesa le pregunté a Remedios por la joven embarazada. Dijo que mi abuela lloraba mucho. Se metía en la habitación y lloraba contra la cama. Se quedarían con el bebé, le decía a su amiga, pero si tuvieran garantías de la paternidad de Vicente. Remedios también contó que por entonces, un técnico de Telefónica había acudido a instalarle el teléfono en su casa del barrio de Crucero. Hablando de los chicos y las chicas, Remedios incrustó el caso en la conversación y el técnico respondió que él era justamente el padrino de la criatura. Una niña. Que a la chica le pegaban sus padres y que su mujer y él, la habían acogido durante un tiempo en su casa.

Cogí la agenda y apunté a un lado técnico de telefónica y padrino y al otro vecina y cuchillo. Luego, nos sentamos a la mesa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s