10 de septiembre

Ha muerto Norman Farberow a los 97 años. La noticia me la trae Alfonso Armada, director de esta revista. Farberow fue un psicólogo muy importante. Junto al psicólogo Edwin Shneidman y el psiquiatra Robert Litman, fundó el primer centro de prevención del suicidio, en Estados Unidos. Aunque su fama le viene, mayormente, de su investigación en la muerte de Marilyn Monroe y la formalización de la autopsia psicólogica, una especial recolección de datos destinada a recomponer el perfil psicológico de alguien en el momento de su muerte. Ese método que sería el mejor plan de prevención en España, si a los periodistas y a los políticos (salvo excepciones) les importaran esos 3870 muertos anuales para algo más que para arrojárselos a la cabeza, ciertamente desahuciada.

Una de las aportaciones inestimables de Farberow fue la de la ambivalencia. El psicólogo, convertido en forense de Los Ángeles en 1950, tuvo acceso a una cantidad formidable de informes de autopsia, expedientes judiciales y notas de despedida. Se sentó enfrente y concluyó que una décima parte de los suicidas nunca quiso morir. Ignoro si existe un drama mayor. El invierno pasado le escribí al psicólogo Thomas Joiner, autor de Why people die by suicide. Sostenía que la mayoría de los que lo intentaban se arrepentían después y quise saber qué porcentaje y cómo encajaba todo con el hecho de que los intentos previos fueran el principal indicador de riesgo individual. Respondió escuetamente que dos tercios. Y que por el tercio restante eran importantes los intentos previos. Me quedé sorprendido, pero no puedo extenderme más allá de este párrafo suyo: “Incluso aquellos que han desarrollado hasta el extremo la capacidad para infligirse un daño letal, retienen cierto miedo al suicidio debido al extraordinario poder del instinto de supervivencia. Ese miedo produce el deseo de ser rescatado”. El instinto de supervivencia y el miedo a la muerte son universales y parece lógico pensar que persistan hasta en aquellos que los han suprimido hasta el punto de beber veneno o saltar desde un rascacielos. La ambivalencia contribuye, además, a desmantelar un poderoso mito: el de que los suicidas no hacen planes de futuro. Los hacen. Aunque no todos, desde luego. Pasado mañana tienen una entrevista de trabajo, incluso días antes anuncian su próximo viaje por Europa. La suicidología parece hasta el momento más una ciencia de excepciones que de reglas.

Aún Farberow. Fue un pionero en la lucha contra el estigma y antes del desarrollo del tratamiento farmacológico de los trastornos mentales, estableció un sencillo protocolo de escucha, que se extendió velozmente por el mundo y que empezaba de manera muy gentil: ¿En qué puedo ayudarle? Algunas de sus conclusiones adolecen de un cierto ambientalismo, pero es que el ambientalismo fue la ideología dominante en el S.XX.

Un azar amable quiso que muriera el día que se conmemora en el mundo la prevención del problema al que consagró su vida. Días antes se había caído por unas escaleras.

 

FronteraD, 2015

 

 

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