Secularizar

“La opinión pública inglesa fue sacudida por un aumento espectacular del número de suicidios después de 1680. Nuestra principal fuente de información, las estadísticas de mortalidad londinense, muestra un crecimiento desde una media de 18 suicidios por año en la década de 1680-90 hasta una de 20 suicidios por año en la de 1690-1700; 25 en 1700-10; 30 en 1710-20; 42 en 1720-30, y más de 50 en 1730-40, con picos de  más de 60 suicidios por año.

No es de extrañar que algunos observadores expresaran su preocupación . En 1698 William Congreve escribió: “¿Hay más suicidios y lunáticos melancólicos en Inglaterra que en el resto de Europa? “. En 1705 John Evelyn afirmó que “jamás se había oído que tantos de entre nosotros se fueran como en estos últimos años, tanto hombres de calidad como de los demás”.

La impresión provocada por las cifras se vio reforzada por el crecimiento de la prensa popular que obtuvo un amplio público a finales del S.XVII. Se estima que los principales periódicos imprimían 15.000 copias por número y  que alrededor de 1704 muchos de ellos aparecían dos o tres veces por semana. No sólo publicaban las estadísticas de mortalidad, también imprimían artículos sobre los casos de suicidio más interesantes, extraños y sorprendentes, indagando en sus causas y circunstancias. Así fue como el público se familiarizó con un tipo de historias de interés humano que hasta entonces había resultado excepcional. A través de las cifras, los lectores de periódicos no sólo se percataron de que el suicidio era algo permanente en la vida urbana, sino que los comentarios, escritos u orales, mantuvieron y amplificaron la seriedad de la situación.

La prensa también contribuyó a secularizar la visión que se tenía del suicidio, presentándolo bajo una luz exclusivamente humana. Y dado que el tono habitual de los artículos publicados era neutro, los lectores se acostumbraron a ver el suicidio como el resultado de circunstancias sociales y psicológicas. Poco a poco, la opinión pública empezó considerar el suicidio como un azote social donde los sujetos eran más víctimas que criminales y a verlo como algo menos culpable”.

 

George Minois, History of Suicide