El suicidio no es noticia

En su libro Un matemático lee el periódico, John Allen Paulos recorre las secciones de un diario imaginario a hombros de la estadística: “Si se quiere realzar la seriedad de un problema, lo normal es que se hable de la cantidad de afectados a escala nacional. Si se quiere mitigar su importancia, lo más problable es que se hable del índice de incidencia. Así, si una persona de cada 100.000 tiene determinada enfermedad, a nivel nacional habrá 2500 casos. La segunda cantidad parece más alarmante y en ella harán hincapié los maximizadores. Cargar las tintas de la situación de algunas de estas 2500 personas publicando o televisando entrevistas con los familiares y amigos hará aún más dramático el problema. Los minimizadores, por su lado podrían comparar la situación con un atestado campo de béisbol durante una eliminatoria de copa y señalar a continuación que solamente una persona de cada dos campos deportivos así de llenos padece la enfermedad en cuestión. […] Es más fácil y natural reaccionar emocionalmente que afrontar estadísticas con imparcialidad o, para el caso, con fracciones, porcentajes y decimales. Los medios informativos (en realidad, todo el mundo) suelen resolver este problema desterrando los números de las noticias y ocultándolos bajo palabras tan imprecisas como “muchos” o “excepcionales”, que carecen casi totalmente de contenido”. Se trata de una sagaz observación. No sólo porque en el caso particular que nos ocupa, los suicidios sean muchos, sino también porque son excepcionales.

Imaginemos que alguien acaba de morir en España. ¿Cuál es la probabilidad de que se haya suicidado? Un 1%. ¿Cuál es, en cambio, la probabilidad de que el fallecimiento se deba a una enfermedad cardiovascular o a algún tipo de tumor? Un 30%. Por un lado, 3910 suicidios en un año -uno cada dos horas- son muchos. Por el otro, la muerte autoinfligida es un tipo de muerte infrecuente. España, además, es un país sacudido por el suicidio a un nivel inferior (8,4 por 100.000 habitantes) que el de la media mundial (11,4).

El problema surge cuando los suicidios (3910) se comparan con otras formas de muerte violenta, como los crímenes de pareja (53), los muertos en accidentes de tráfico (1873) o los debidos a la siniestralidad laboral (565). Y se examina su correspondiente repercusión mediática. Hace una semana conté las noticias dedicadas a cada uno de estos asuntos en El País durante el año 2014, al que corresponden las cifras reseñadas. Los resultados, tras eludir las noticias que no se refirieran a España, fueron: violencia de género (306), accidentes de tráfico (212), accidentes laborales (43), suicidio (18). Se observará que la llamada violencia de género goza de una atención desproporcionada a tenor de su peligrosidad. Erraríamos, no obstante, si pensáramos que los resultados subrayan una singularidad del diaro El País. Estoy convencido de que los resultados de cualquier otro periódico arrojarían un orden similar de prioridades. Incluso nos equivocaríamos si los interpretáramos en clave exclusivamente periodística o española. Por cada estudio publicado sobre el suicidio entre 2008 y 2013 en las dos principales revistas de psiquiatría, American Journal of Psychiatry y Archives of General Psychiatry, había seis sobre la esquizofrenia, cuya incidencia es menor.

Pero los periódicos resultan ideales para otear una determinada apreciación general. Diríjase el lector a la persona que tenga más a mano y láncele las siguientes preguntas: ¿Cuántas mujeres crees que mueren al año en España a manos de su pareja? ¿Cuántos suicidios crees que se producen al año en España? Yo lo he hecho. Y puedo decir que resulta extraordinario encontrar a alguien que no subestime el número de suicidios y sobreestime el de mujeres muertas hasta el punto de situar el primero por debajo del segundo.

Entre los motivos de esta desigual cobertura periodística está, por supuesto, el tabú, representado en el efecto contagio. Ese que los deontólogos nunca enarbolan sobre los crímenes de pareja o el suicidio de un personaje famoso, aunque ambos casos sean susceptibles de ser imitados. Y sin que hasta el momento nadie haya discutido, lógicamente, la conveniencia de su difusión. Los periódicos salvan vidas. Cuesta muchísimo trabajo demostrarlo. Pero así es, si aceptamos que a menudo e injustamente también las destrozan. La desproporción tiene un correlato elemental en la atención institucional y social que reciben las mujeres asesinadas y la oscuridad que acompaña a los suicidas, en los que el número de hombres, por cierto, triplica al de mujeres. A las mujeres asesinadas por sus parejas se destinan políticas, leyes, juzgados, presupuestos. Los suicidas ni siquiera obtienen un estatuto diferenciado en las partidas de salud mental. Deben considerarlo un riguroso ejercicio de libertad.

No parece que esta actitud haya sido siempre la de los periódicos. Si hacemos caso a historiadores como George Minois, a principios del SXVIII, los principales periódicos ingleses informaban no sólo de las cifras de suicidios sino que publicaban artículos sobre los casos más extravagantes. Es decir, el tipo de historias que hoy llamaríamos de interés humano, en las que los pioneros no se abstenían de indagar en las causas. Estas palabras de Minois: “A través de las cifras en bruto, los lectores de periódicos no sólo se percataron de que el suicidio era algo permanente en la vida urbana, sino que los comentarios, escritos u orales, mantuvieron y amplificaron la impresión de que la situación era seria. La prensa también contribuyó a secularizar la visión que se tenía del suicidio, presentándolo bajo una luz exclusivamente humana”.

Es probable que la lectura de aquellos artículos ingleses convocase hoy cierta incomodidad. No parecen desdeñables, sin embargo, las consecuencias derivadas de su publicación. La palabra clave es secularizar. La religión es uno de los ingredientes fundamentales del tabú sobre el suicidio. Un silencio que la ciencia ha ido descontando lenta y trabajosamente. Desde la formalización de la autopsia psicológica (una herramienta destinada a recomponer el perfil psicológico y aislar factores de riesgo) hasta los actuales estudios post-mortem de tejido cerebral. Pero los periódicos siguen anclados en las viejas creencias y mostrándose temerosos de Dios. Como si a los suicidas todavía se les enterrase en los cruces de caminos o se les colgase en los vertederos.

Hay excepciones, por supuesto, reflejadas en los manuales de estilo. Antes he aludido al suicidio de un personaje famoso, pero también están aquellos suicidios que, según definen tan vagamente, responden a un hecho social de interés general. En este segundo tipo deben inscribirse aquellos casos que el periodismo considera perfectamente penetrables para el público lector. El suicidio de un hombre afectado por preferentes. El suicidio de un hombre que iba a ser desahuciado. El suicidio de un hombre después de asesinar a su mujer. El suicidio en prisión de un presunto asesino. Es decir, una minoría de casos. Pero que deja a las claras que para la prensa la muerte autoinfligida es una cuestión indigna de tratarse a solas y donde siempre hay culpables. El suicidio convertido en homicidio. Sin ningún vahído en el firmamento moral del lector.

No creo que haya otro asunto donde se revele tan claramente el profundo enraizamiento de la prensa en el mito y la superstición.

(Claves de la Razón Práctica, enero-febrero, 2017)

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  1. Magnífico blog y post. Creo que la Historia del suicidio de Minois no está traducida al castellano (sí al inglés). ¿Podría publicar algún post con una recopilación de bibliografía sobre el tema del suicidio en cualquier de sus aproximaciones?
    Gracias

  2. Es usted una persona muy culta y yo no lo soy.
    Podemos intentar que el suicidio sea noticia porque como ya sabemos,disminuyen los suicidios si se habla de él.Es falso que el suicida debido a una depresión severa,vaya a algún infierno porque no es culpable de su muerte,sino su enfermedad.Yo quiero sufrir menos en esta vida y me interesa poco si hay otra después.No soy de inclinación atea pero no me asusta ningún infierno.El suicidio no es noticia en los periódicos pero yo leo mucho acerca del suicidio y hablo en cuanto tengo oportunidad de él.Vivir con depresión severa es como ir muriendo cada día en un existir y no en un vivir.No se inglés y casi nada de francés porque he visto tres pequeños comentarios en los que hablan de idiomas.Gracias al dueño de este blog del que ahora no encuentro el nombre y no es mi fuerte la informática.

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